Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Pero si tiene razón, este pobre diablo! -gritó-. ¡Está en su derecho, mi querido colega! ¡No es culpa suya si no hemos encontrado el medio de seguirle!
Y sacando algunos kopeks de su bolsillo, se los dio al yemschik diciéndole:
-¡Toma, amigo. Si no los has ganado no ha sido culpa tuya!
Esto redobló la indignación de Harry Blount, quien querÃa hacer procesar a aquel empleado de postas.
-¡Un Proceso en Rusia! -exclamó Alcide Jolivet-. Si las cosas no han cambiado, compadre, no verá usted el final. ¿No conoce la historia de aquella ama de crÃa que reclamó doce meses de amamantamiento a la familia de su pupilo?
-No la conozco -respondió Harry Blount.
-¿Y no sabe qué era el bebé cuando terminó el juicio en el que ganó la causa el ama de crÃa?
-¿Qué era, si puede saberse?
-Coronel de la guardia de húsares.
Al oÃr esta respuesta se pusieron todos a reÃr.
Alcide Jolivet, encantado de su éxito, sacó el carnet de notas de su bolsillo y, sonriente, escribió esta anotación, destinada a figurar en el diccionario moscovita:
«Telega: carruaje ruso de cuatro ruedas a la salida y dos ruedas a la llegada. »