Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Sí, señor, al mismo tiempo que se ha telegrafiado una orden de concentración a los cosacos del gobierno de Tobolsk.
-Nada tan cierto, señor Blount; conocía también esos detalles. Y puede estar seguro de que mi querida prima sabrá rápidamente alguna otra cosa.
-Como también lo sabrán los lectores del Daily Telegrapb, señor Jolivet.
-¡Claro! ¡Cuando se ve todo lo que ocurre...
-¡Y cuando se oye todo lo que se dice ... !
-Toda una interesante campaña a seguir, señor Blount.
-La seguiré, señor Jolivet.
-Entonces, es posible que nos encontremos en algún terreno menos seguro que el encerado de este salón.
-Menos seguro, si, pero...
-¡Pero también menos resbaladizo! -respondió Alcide Jolivet, sujetando a su colega en el momento en que perdía el equilibrio, al dar unos pasos hacia atrás: Después de esto, los dos corresponsales se separaban, contentos de saber cada uno de ellos que el otro no le aventajaba en cuanto a noticias se refiriese. En efecto, estaban empatados.