Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

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Alcide Jolivet, sin salirse jamás de los límites de la cortesía, no dejaba de mostrarse obsequioso con la joven livoniana, a la cual encontraba encantadora. Admiraba la silenciosa energía que mostraba para sobrellevar las fatigas de un viaje hecho en tan duras condiciones. Estas paradas forzosas no complacían demasiado a Miguel Strogoff, que hacía todo lo posible por abreviarlas, excitando a los jefes de posta, estimulando a los yemschiks y dando prisa para que el atelaje de los vehículos se hiciera con rapidez. Terminada rápidamente la comida, demasiado para Harry Blount, que era un comedor metódico, iniciaban de nuevo la marcha y los periodistas se deslizaban como águilas, ya que pagaban principescamente y, como decía Alcide Jolivet, «en águilas de Rusia».

No es necesario decir que Harry Blount no cruzaba una sola palabra directamente con Nadia. Y éste era uno de los pocos temas de conversación que no buscaba discutir con su compañero. Este honorable gentleman no tenía por costumbre hacer dos cosas al mismo tiempo.

Habiéndole preguntado en cierta ocasión Alcide Jolivet cuál podría ser la edad de la joven livoniana, respondió, con la mayor seriedad del mundo y entrecerrando los ojos:

-¿Qué joven livoniana?

-¡Pardiez! ¡La hermana de Nicolás Korpanoff

-¿Es su hermana?


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