Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

A medianoche, después de otras cincuenta y cinco verstas de viaje, llegaron a Novo-Saimsk, abandonando, por fin, el suelo ligeramente accidentado por montículos cubiertos de árboles, que constituían las últimas estribaciones de los montes Urales. Aquí comenzaba verdaderamente lo que se llama la estepa siberiana, que se prolonga hasta los alrededores de Krasnoiarsk. Es una planicie sin límites, una especie de vasto desierto herboso, en cuyo horizonte se confunde el cielo y la tierra en una circunferencia tan perfecta que se hubiera dicho que estaba trazada a compás. Esta estepa no presentaba a su mirada otros accidentes que el perfil de los postes telegráficos situados a cada lado de la ruta y cuyos cables la brisa hacía vibrar como las cuerdas de un arpa. La misma carretera no se distinguía del resto de la planicie más que por la nube de ligero polvo que las tarentas levantaban a su paso. 

Sin esta cinta blanquecina, que se prolongaba hasta perderse de vista, hubieran podido creerse en pleno desierto. Miguel Strogoff y sus compañeros se lanzaron a través de la estepa con mayor velocidad aún; los caballos, excitados por el yemschik y sin que ningún obstáculo se interpusiera en su camino, devoraban las distancias. Las tarentas corrían directamente hacia Ichim, en donde los dos corresponsales se detendrían si ningún inconveniente modificaba su itinerario.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker