Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Alrededor de doscientas verstas separaban Novo-Saimsk de la ciudad de Ichim y, al día siguiente, antes de las ocho de la tarde, podían haberla ya franqueado, a condición de que no perdieran ni un solo instante. Los yemschiks pensaban que si los viajeros no eran grandes señores o altos funcionarios, eran dignos de serlo, aunque sólo fuera por las espléndidas propinas que entregaban.