Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff no tuvo más remedio que aumentar el valor del yemschik a base de dinero, ya que en esta ocasión, como en otras, no quiso hacer uso de su podaroshna. Los últimos decretos habían llegado por telégrafo y eran conocidos en Siberia, por lo que un ruso que estuviera tan especialmente dispensado de obedecer aquellas disposiciones hubiera llamado la atención general, lo cual quería evitar el correo del Zar a toda costa. En cuanto a las dudas del yemschik, puede que estuviera haciendo comedia y especulando con la impaciencia de los viajeros, o puede que tuviera realmente razón al temer que aquélla era una aventura arriesgada. Al fin, la tarenta emprendió la marcha, y lo hizo con tanta diligencia que a las tres de la tarde habían recorrido ochenta verstas y se encontraban en Kulatsinskoë. Una hora despues se encontraban en la orilla del Irtyche, a sólo una veintena de verstas de Omsk.