Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

-¿Qué razones, Nadia? ¡Tú me preguntas qué razones! -gritó Miguel Strogoff con una voz profundamente alterada, que hizo estremecer a la joven-. Pues las mismas razones que me han hecho pasar por cobarde ante aquel miserable que... No pudo acabar la frase.

-Cálmate, hermano -dijo Nadia con su voz más dulce-, yo no sé más que una cosa. Y ni siquiera la sé, ¡la siento! Y es que un sentimiento domina ahora toda tu conducta: un sagrado deber, si es que puede haber alguno, más poderoso que el que ata a un hijo con su madre.

Nadia se calló y, desde ese momento, evitó todo tipo de conversación que pudiera referirse a la particular situación de Miguel Strogoff. Él tenía algún secreto que guardar y ella lo respetaba.

Al día siguiente, 25 de julio, a las tres de la madrugada, la tarenta llegó a la parada de posta de Tiukalinsk, después de haber franqueado una distancia de ciento veinte verstas desde el paso del Ichim.

Se cambiaron rápidamente los caballos, pero, por primera vez, el yemschik puso algunas dificultades para partir, afirmando que destacamentos de tártaros batían la estepa y que tanto los viajeros como los caballos y el vehículo serían una buena presa para esos saqueadores.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker