Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Y como Miguel Strogoff no respondiera, continuó:
-Puede ser que tu madre haya podido salir de Omsk...
-Es posible, Nadia -respondió Miguel Strogoff-, y hasta espero que haya llegado a Tobolsk. La vieja Marfa aborrece a los tártaros, conoce la estepa y no tiene miedo; yo espero que haya cogido su bastón para descender por la orilla del Irtyche. No hay un lugar de la provincia que no conozca. ¡Cuántas veces ha recorrido el paÃs con mi viejo padre, y cuántas veces yo mismo, siendo niño, los he seguido en sus correrÃas a través del desierto siberiano! SÃ, Nadia, yo espero que mi madre haya abandonado Omsk.
-Y cuándo la verás?
-La veré... a la vuelta.
-Sin embargo, si tu madre está en Omsk, perderás alguna hora para ir a abrazarla, supongo.
-No iré a abrazarla.
-¿No la verás?
-No, Nadia... -respondió Miguel Strogoff, suspirando, comprendiendo que no podÃa continuar respondiendo a las preguntas de la joven.
-¡Y dices que no! ¡Ah, hermano! ¿Qué razones pueden hacer que renuncies a ver a tu madre si está en Omsk?