Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Este grito estaba motivado por la nueva dirección que tomaba el transbordador con una excesiva velocidad; dominado por la corriente del río estaba descendiendo rápidamente el curso. Era, pues, necesario, situarlo de forma que pudiera atravesar la corriente, y para ello había que emplear los bicheros a todo rendimiento y, con este propósito, apoyaron los extremos de éstos en una especie de escotaduras abiertas debajo de las bandas, consiguiendo poner el transbordador en sentido oblicuo y fueron ganando poco a poco la otra orilla.
Los dos bateleros, hombres vigorosos, estimulados además por la promesa de una elevada paga, no dudaron en llevar a buen fin aquella difícil travesía del Irtyche. Pero no contaban con un incidente que era difícil de predecir, y ni su celo ni su habilidad podían hacer nada contra esta circunstancia.
El transbordador se encontraba en el centro de la corriente, a igual distancia de ambas orillas, descendiendo con una velocidad de unas dos verstas por hora, cuando Miguel Strogoff se levantó mirando corriente arriba.
Por la corriente bajaban varios barcos con gran rapidez, ya que a la acción de las aguas se unía la fuerza de los remos con los que iban dotados. El rostro de Miguel Strogoff se contrajo de golpe, escapándosele una exclamación.
-¿Qué sucede? -preguntó la joven.