Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Las barcas tártaras no estaban más que a una distancia de unos cien pies. Llevaban un destacamento de soldados bukharianos que iban a hacer un reconocimiento sobre Omsk.
El transbordador se encontraba todavÃa a dos cuerpos de la orilla. Los bateleros redoblaron sus esfuerzos. Miguel Strogoff se unió a ellos y cogio un bichero que maniobraba con una fuerza sobrehumana. Si conseguÃan desembarcar la tarenta y lanzarse a todo galope, tendrÃan muchas probabilidades de escapar de los tártaros, que no tenÃan monturas.
¡Pero tantos esfuerzos debÃan resultar inútiles!
-¡Saryn na kitchu! -gritaron los soldados de la primera barca. Miguel Strogoff reconoció el grito de guerra de los piratas tártaros, al cual debÃa contestarse arrojandose boca abajo.
Pero como nadie obedeció esta intimación, los soldados hicieron una descarga de la que resultaron mortalmente heridos dos caballos.
En aquel momento se produjo un choque. Las barcas habÃan abordado el transbordador de través.
-¡Ven, Nadia! -gritó Miguel Strogoff, presto a lanzarse al rÃo. La joven iba a seguirle cuando Miguel Strogoff, herido por un golpe de lanza, fue arrojado al agua. Lo arrastró la corriente, agitando la mano un instante por encima de las aguas, y desapareció.