Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Por encima de la ciudad comercial se levantaba el barrio alto, el cual Ivan Ogareff había intentado asaltar varias veces, siendo bravamente rechazado en todas las ocasiones y no habiendo conseguido todavía reducirlo. Sobre sus aspilleradas murallas ondeaba aún la bandera nacional con los colores de Rusia. Miguel Strogoff y su guía saludaron esta bandera con legítimo orgullo. El correo del Zar conocía perfectamente la ciudad de Omsk y, siempre en pos de su guía, evitaba las calles más frecuentadas. No es que temiera ser reconocido, ya que en toda la ciudad únicamente su madre podía llamarlo por su verdadero nombre, pero había jurado no verla y no la vería. Por eso deseaba con todo su corazón que se encontrara refugiada en algún tranquilo lugar de la estepa. Afortunadamente, el campesino conocía a un encargado de posta el cual, pagándole bien, no se negaría a alquilar o vender un carruaje o un caballo. Quedaba la dificultad de abandonar la ciudad, pero las brechas practicadas en la muralla podían facilitar la salida de Miguel Strogoff.
El campesino conducía, pues, a su huésped directamente a la parada cuando, en una calle estrecha, Miguel Strogoff se detuvo de pronto y retrocedió hasta esconderse detrás de una esquina.
-¿Qué te pasa? -le preguntó vivamente el campesino, sorprendido de aquel brusco movimiento.