Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff y el campesino llegaron pronto al barrio comercial de Omsk y, aunque estaba ocupado militarmente, no tuvieron dificultad de entrar en él. La muralla de tierra habÃa sido destruida por muchos sitios, por cuyas brechas entraron los merodeadores que seguÃan a los ejércitos de Féofar-Khan. En el interior de Omsk, por sus calles y plazas, habÃa un verdadero hormiguero de soldados tártaros; pero era fácil apreciar que una mano de hierro les imponÃa una disciplina a la que no estaban acostumbrados. Efectivamente, no circulaban solos, sino en grupos armados, prestos a repeler en todo momento cualquier agresion. En la plaza mayor, transformada en campamento guardado por numerosos centinelas, dos mil soldados tártaros vivaqueaban ordenadamente. Los caballos, sujetos a estacas, permanecÃan siempre ensillados, dispuestos a partir a la primera orden. Omsk no podÃa ser más que una parada provisional para esta caballerÃa tártara que debÃa sin duda preferir las ricas llanuras de la Siberia oriental, en donde las ciudades son más opulentas, las campiñas más fértiles y, por consiguiente, el pillaje más fructÃfero.