Miguel Strogoff
Miguel Strogoff La sala común estaba abarrotada de gente. Igual que pasaba en las estaciones rusas, los habitantes de estas ciudades, ansiosos de noticias, iban a buscarlas a las paradas de posta. Se hablaba de la próxima llegada de un cuerpo de tropas moscovita, no a Omsk, sino a Tomsk, destinado a reconquistar esta ciudad de las garras de Féofar-Khan. Miguel Strogoff prestaba gran atención a todo cuanto se decía, pero sin mezclarse en ninguna conversación.
De pronto, oyó un grito que le hizo estremecer; un grito que le llegó al alma, cuyas dos palabras fueron lanzadas en su oído:
-¡Hijo mio.
¡Su madre, la vieja Marfa, estaba ante él! ¡Le sonreía, temblando de emoción, y tendiendo sus brazos!
Miguel Strogoff se levantó e iba a arrojarse hacia ella cuando el pensamiento del deber y el peligro que aquel lamentable encuentro encerraba para él y para su madre le detuvieron enseguida, y tal fue su dominio de sí mismo, que ni un solo músculo de su cara se contrajo.
Una veintena de personas se encontraban reunidas en la sala común y entre ellas podía ser que hubiera algún espía, aparte de que en la ciudad se sabía de sobras que el hijo de Marfa Strogoff pertenecía al cuerpo de correos del Zar. Miguel Strogoff no se movió.
-¡Miguel! -gritó su madre.