Miguel Strogoff
Miguel Strogoff En Elamsk, como en todas partes, no existía ningun medio de transporte, por la misma razón que en los pueblos precedentes faltaba toda clase de caballos y carruajes. Esta pequeña ciudad, que los tártaros no habían visitado todavía, estaba casi enteramente despoblada, ya que era fácil que fuese invadida por el sur y, sin embargo, era muy difícil que recibiera refuerzos por el norte. Así, parada de posta, oficina de policía y residencia del gobernador habían sido abandonadas por orden de la superioridad, y los funcionarios por su parte y los habitantes por otra, todos los vecinos que estaban en condiciones de emigrar habían decidido refugiarse en Kamsk, en el centro de la Baraba.
Miguel Strogoff tuvo, pues, que resignarse a pasar la noche en Elamsk, para dar reposo a su caballo durante unas doce horas. Se acordaba de las instrucciones que se le habían dado en Moscú: «Atravesar Siberia de incógnito, llegar cuanto antes a Irkutsk, pero con precaución, sin sacrificar el resultado de la misión a la rapidez del viaje.» Por consiguiente, tenía que conservar el único medio de transporte que le quedaba. Al día siguiente dejó Elamsk en el momento en que, diez verstas más atrás, en el camino de la Baraba, aparecían los primeros exploradores tártaros, por lo que se lanzó de nuevo a través de aquella pantanosa