Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Cuando Miguel Strogoff notaba que su caballo estaba rendido de fatiga, a punto de abatirse, se paraba en uno de estos miserables caseríos y allí, olvidándose de sus propias fatigas, frotaba él mismo las picaduras del pobre animal con grasa caliente, según la costumbre siberiana; después, le daba una buena ración de forraje, y sólo cuando lo había curado y alimentado, se preocupaba un poco de sí mismo, reponiendo sus fuerzas comiendo un poco de pan y carne acompañado con algunos vasos de kwais. Una hora más tarde, dos a lo sumo, reemprendía a toda velocidad la interminable ruta hacia Irkutsk.
De esta forma, Miguel Strogoff franqueó noventa verstas desde Turumoff, insensible a toda fatiga, llegaba a Elamsk a las cuatro de la tarde del 30 de julio. Allí fue necesario darle una noche de reposo al caballo, porque el vigoroso animal no hubiera podido continuar por más tiempo el viaje.