Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Al fin, hacia las tres y media de la tarde, después de haber pasado la estación de Kargatsk, Miguel Strogoff dejó las últimas depresiones de la Baraba y el suelo duro y seco del territorio siberiano sonaba de nuevo bajo los cascos de su caballo. Había dejado Moscú el 15 de julio. Aquel día pues, 5 de agosto, habían transcurrido ya veinte jornadas desde su partida, incluyendo las setenta hora,, perdidas en las orillas del Irtyche.
Mil quinientas verstas le separaban todavía de Irkutsk.
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EL ULTIMO ESFUERZO
Miguel Strogoff tenía razón al temer algún mal encuentro en aquellas planicies que se prolongaban más allá de la Baraba, porque los campos, hollados por los cascos de los caballos, mostraban claramente que los tártaros habían pasado por allí, y de aquellos bárbaros podía decirse lo mismo que se dice de los turcos: «Por allá por donde pasa el turco, no vuelve a crecer la hierba.»
El correo del Zar debía, pues, tomar las más minuciosas precauciones para atravesar aquellas comarcas. Algunas columnas de humo que se elevaban por encima del horizonte indicaban que todavía ardían las aldeas y los caseríos. Aquellos incendios