Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Pero las dificultades de aquella inhospita naturaleza iban, al fin, a terminarse, ya que si no sobrevenía ningún retraso, al día siguiente acabaría de atravesar la Baraba, y después de las ciento veinticinco verstas que aún le separaban de Kolyvan, volvería a encontrar una ruta mucho más practicable.
Al llegar a esta importante aldea, se encontraría a igual distancia de Tomsk y, posiblemente, siguiendc el consejo de las circunstancias, se decidiría por rodear esta ciudad que, si las noticias eran exactas, estaba ocupada por Féofar-Khan. Pero si aquellas aldeas, tales como Ikulskoë y Karguinsk, que atravesaría al día siguiente, estaban tranquilas gracias a que su situación geográfica nc era apropiada para que pudieran maniobrar las columnas tártaras, ¿podía temer Miguel Strogoff que en las ricas margenes del Obi, si no tenía que enfrentarse con las dificultades de la naturaleza, tendría que enfrentarse con el hombre? Era verosímil.
No obstante, si era necesario, no dudaría en lanzarse fuera de la ruta de Irkutsk y viajar entonce, a través de la estepa, con evidente riesgo de encontrarse sin recursos, ya que por allí, efectivamente, nc habían caminos trazados, ni ciudades, ni aldeas. Apenas si se encuentran algunas aldeas perdidas o simples cabañas habitadas por gente muy pobre y muy hospitalaria, sin duda, pero que apenas posee lo necesario Sin embargo, no dudaría ni un instante.