Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Era evidente que no podÃa continuar huyendo en aquella dirección, porque los jinetes avanzaban rapidamente hacia la ciudad y le hubiera sido imposible escapar. De pronto, en un ángulo de un frondoso grupo de árboles, vio una casa aislada, a la cual le era posible llegar antes de ser descubierto.
Miguel Strogoff, pues, no tenÃa otra cosa que hacer mas que correr, esconderse, y pedir que le proporcionaran algún alimento, pues sus fuerzas estaban agotadas y tenÃa necesidad de reponerlas.
Se dirigió precipitadamente hacia la casa, que estaba a una media versta de distancia, y al aproximarse la identificó como una estación telegráfica. Dos cables se extendÃan en dirección oeste-este y un tercero estaba tendido hacia Kolyvan. Era de suponer que, en aquellas circunstancias, la estación estarÃa abandonada, pero al menos Miguel Strogoff podrÃa refugiarse en ella y esperar la caÃda de la noche, si no tenÃa más remedio, para lanzarse de nuevo a través de la estepa, batida por los exploradores tártaros en toda su extensión.
Lanzose, pues, hacia la puerta, abriéndola de un violento empujón. Sólo una persona se hallaba en la sala donde se hacÃan las transmisiones telegráficas. Era un empleado calmoso, flemático, indiferente a todo cuanto sucedÃa fuera de allÃ. Fiel a su estación, esperaba detrás de su ventanilla a que el público llegase a solicitar sus servicios.