Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff, al verlo, corrió hacia él, preguntándole con voz apagada por la fatiga:
-¿Qué sabe usted?
-Nada -respondió el empleado, sonriendo.
-¿Son los rusos y los tártaros quienes combaten?
-Eso se dice.
-Pero ¿quiénes son los vencedores?
-Lo ignoro...
Tanta tranquilidad en medio de aquellas terribles circunstancias, tanta indiferencia, apenas podía creerse.
-¿No está cortada la comunicación? -preguntó Miguel Strogoff.
-Está cortada entre Kolyvan y Krasnoiarsk, pero todavía funciona entre Kolyvan y la frontera rusa.
-¿Para el Gobierno?
-Para el Gobierno cuando lo juzga conveniente. Para el público cuando paga... Son diez kopeks por palabra. Cuando quiera, señor...
Miguel Strogoff iba a gritarle a este extraño empleado que él no tenía ningún mensaje que transmitir, que no pedía más que un poco de pan y agua, cuando la puerta de la casa se abrió violentamente.