Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff se apartó de en medio, retirándose a un rincón en sombras, desde donde, sin ser visto, podrÃa escuchar, porque era evidente que los periodistas le proporcionarÃan noticias que le eran necesarias para saber si debÃa entrar en Kolyvan o no.
Harry Blount, más rápido que su colega, habÃa tomado posesión de la ventanilla y tendÃa su mensaje al empleado, mientras Alcide Jolivet, contrariamente a su costumbre, pateaba de impaciencia.
-Son diez kopeks por palabra -dijo el empleado al tomar el despacho del inglés. Harry Blount depositó sobre el pequeño mostrador un puñado de rublos, bajo la mirada estupefacta de su colega.
-Bien -dijo el empleado.
Y con la mayor sangre frÃa del mundo, comenzó a telegrafiar el siguiente despacho: Daily Telegraph, Londres.
De Kolyvan, gobierno de Omsk, Siberia, 6 de agosto. Enfrentamiento de las tropas rusas y tártaras...
Esta lectura era hecha en alta voz, por lo que Miguel Strogoff oyó perfectamente lo que el corresponsal inglés transmitÃa a un periódico londinense. Tropas rusas rechazadas con grandes pérdidas. Tártaros entrado hoy mismo en Kolyvan...
Con estas palabras terminaba el mensaje.