Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Me toca a mí ahora! -gritó Alcide Jolivet, que quería transmitir el despacho dirigido a su prima en el faubourg Montmartre.
Pero el periodista inglés no tenía intención de abandonar la ventanilla, para poder ir transmitiendo las noticias a medida que se desarrollaban los acontecimientos. Por tanto, no cedió el sitio a su colega.
-¡Pero usted ya ha terminado! -gritó Alcide Jolivet.
-No he terminado aún -respondió tranquilamente Harry Blount. Y continuó escribiendo una serie de frases que iba entregando al empleado con toda rapidez, mientras leía en voz alta sin perder su impasibilidad. Al principio, Dios creó el Cielo y la Tierra...
Harry Blount telegrafiaba los versículos de la Biblia, para dejar pasar el tiempo sin tener que ceder el sitio a su rival. Aquello costaría a su periódico sus buenos millares de rublos, pero seria el primero en estar informado de los acontecimientos. ¡Que esperase Francia!
Se concibe el furor de Alcide Jolivet, que en cualquier otra circunstancia hubiera encontrado que aquélla era una buena jugada, pero en aquella ocasión incluso quería obligar al empleado de telégrafos a aceptar su mensaje, con preferencia al de su colega.