Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Los acontecimientos iban, pues, de mal en peor, y el gobierno imperial parecÃa estar verdaderamente comprometido más allá de la frontera de los Urales. Momentáneamente, al menos, asà era, pero era de esperar que las tropas rusas respondieran, más pronto o más tarde, a la agresión de aquellas hordas invasoras. De todas formas, la invasión habÃa ya alcanzado el centro de Siberia y, a través de las comarcas sublevadas, iba a extenderse, bien a las provincias del este, bien a las del oeste. Irkutsk estaba ahora aislada y cortadas todas las comunicaciones con Europa. Si las fuerzas de los gobiernos de Amur y de la provincia de Irkutsk no llegaban a tiempo para reforzar a su reducida e insuficiente guarnición, esta capital de la Rusia asiática caerÃa irremisiblemente en manos de los tártaros y, antes de que hubiera podido ser recuperada, el Gran Duque, hermano del Emperador, habrÃa sido vÃctima de la venganza de Ivan Ogareff.
¿Qué habÃa sido de Miguel Strogoff? ¿HabÃa al fin sucumbido bajo el peso de las pruebas por las que habÃa atravesado? ¿Se daba por vencido ante la serie de desgracias que le habÃan ido siempre persiguiendo después de su aventura en Ichim? ¿Consideraba perdida la partida, fallÃda su misión y en la imposibilidad de cumplir la orden que le habÃan encomendado sus superiores?