Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff era uno de esos hombres que no se detienen mientras les quede vida. Por el momento aún vivía y no había sido herido, conservaba la carta imperial y no había sido descubierta su identidad. Se encontraba, sin duda, entre aquella innumerable cantidad de prisioneros a los que los tártaros arrastraban tras de sí como si se tratase de un vil rebaño; pero, al aproximarse a Tomsk, se iba también acercando a Irkutsk y, fuera como fuese, iba siempre por delante de Ivan Ogareff.
«¡Llegaré! », se repetía.
Y desde los acontecimientos de Kolyvan, toda su vida estaba concentrada en este único pensamiento: ¡Verse libre!
¿Cómo escaparía, sin embargo, de los soldados del Emir? Cuando llegase el momento, ya vería.