Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

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Aquellos desgraciados, sin ningún abrigo, tuvieron que soportar aquellas inclemencias malsanas sin que nada se hiciese para atenuar sus miserias. Alguno de los heridos, mujeres y niños, murieron, y los mismos prisioneros tuvieron que enterrar sus cadáveres porque los guardianes ni siquiera se molestaban en darles sepultura. Durante estas duras pruebas, Alcide Jolivet y Miguel Strogoff se multiplicaron, cada uno por un lado, prestando cuantos servicios podían prestar. Menos acobardados que muchos otros, fuertes y vigorosos, resistían mejor la situación y con sus consejos y sus cuidados, se hicieron imprescindibles para aquellos que sufrían y se desesperaban.

¿Cuánto iba a durar aquel estado de cosas? ¿Féofar-Khan, satisfecho de sus primeros éxitos, quería esperar algún tiempo antes de lanzarse sobre Irkutsk?

Era de temer, pero no fue así como ocurrió.

El acontecimiento tan deseado por Alcide Jolivet y Harry Blount, y tan temido para Miguel Strogoff, se produjo en la mañana del 12 de agosto. Ese día sonaron las trompetas, doblaron los tambores y se oyeron descargas de fusilería. Una enorme nube de polvo se levantó a lo largo de la ruta de Kolyvan. Ivan Ogareff, seguido por varios millares de hombres, hizo su entrada en el campamento tártaro.


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