Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Dos corresponsales de periódicos, inglés y frances -respondió lacónicamente Harry Blount.
-¿Tendrán, sin duda, documentos que les permitan establecer su identidad?
-He aquí dos cartas que nos acreditan, en Rusia, ante las cancillerías inglesa y francesa.
Ivan Ogareff tomó las cartas que le entregó Harry Blount y las leyó con atención, diciendo después:
-¿Piden autorización para seguir nuestras operaciones militares en Siberia?
-Pedimos la libertad, eso es todo –respondió secamente el corresponsal inglés.
-Son ustedes libres, señores -respondió Ivan Ogareff-, y siento curiosidad por leer sus crónicas en el Daily Telegraph.
-Señor -contestó Harry Blount con su más imperturbable flema-, cuesta seis peniques por numero, además del franqueo.
Y, dicho esto, Harry Blount se volvió hacia su compañero, el cual pareció aprobar completamente su respuesta.
Ivan Ogareff no pestañeó y, montando en su caballo, se puso a la cabeza de su escolta, desapareciendo enseguida en una nube de polvo.
-Y bien, señor Jolivet, ¿qué piensa de Ivan Ogareff, general en jefe de las fuerzas tártaras? -preguntó Harry Blount.