Miguel Strogoff
Miguel Strogoff De este modo atravesaron el río Ichimsk, los pueblos de Ichimskoe, Berlkylskoe, Kuskoe, el río Mariinsk, el pueblo del mismo nombre, Bogostowlskoe y, finalmente, el Tchula, pequeño río que separaba la Siberia occidental de la oriental. La ruta discurría tan pronto a través de inmensos paramos, que ofrecían un vasto horizonte a las miradas, como a través de interminables y tupidos bosques de abetos, de los que parecía que no iban a salir jamás.
Todo estaba desierto. Los pueblos habían quedado casi enteramente abandonados. Los campesinos huyeron más allá del Yenisei, confiando en que este gran río pudiera frenar el avance de los tártaros.
El 22 de agosto, la kibitka llegó al pueblo de Atchinsk, a trescientas ochenta verstas de Tomsk. Les separaban aún de Krasnoiarsk ciento veinte verstas. No se había presentado ningún incidente durante los seis días que viajaban los tres juntos, durante los cuales cada uno había conservado su actitud; uno siempre con su inalterable calma y los otros dos, inquietos, deseando que llegara el momento en que su compañero se separase de ellos.