Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Mientras tanto, la kibitka continuaba caminando a su aire lento, que Miguel Strogoff hubiera querido hacer más rápido, pero Nicolás y su caballo estaban acostumbrados a un ritmo de marcha que ni uno ni otro hubieran podido abandonar. El caballo andaba durante tres horas seguidas y descansaba una. Y asÃ, noche y dÃa. Durante los altos en el camino, el caballo pastaba y los viajeros comÃan en compañÃa del fiel Serko. El carruaje estaba aprovisionado por lo menos para veinte personas y Nicolás, generosamente, habÃa puesto todas las reservas a disposición de sus dos huéspedes, a quienes consideraba como hermanos.
Después de una jornada de reposo, Nadia recobró en parte sus fuerzas. Nicolás velaba para que estuviera lo más cómoda posible. El viaje se hacÃa en unas condiciones soportables, lentamente, sin duda, pero con regularidad. OcurrÃa a menudo que, durante la noche, Nicolás se dormÃa y roncaba con tal convicción que ponÃa de manifiesto la tranquilidad de su conciencia. En aquellas ocasiones, si hubiera podido ver, hubiese visto las manos de Miguel Strogoff tomando las bridas del caballo y hacerle caminar a paso más rápido, con gran asombro de Serko que, sin embargo, no decÃa nada. Después, cuando Nicolás se despertaba, el trote se convertÃa inmediatamente en el paso anterior, pero la kibitka ya habÃa ganado al menos unas cuantas verstas sobre su velocidad reglamentaria.