Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Veamos! -respondió Nicolás, sonriendo-. ¡Dices que conoces mi voz! ¡Puede que lo que quieras saber es de dónde vengo! ¡Pues yo te lo diré! Vengo de Kolyvan.
-¿De Kolyvan? -dijo Miguel Strogoff-. Entonces fue allà donde nos encontramos.
¿No estabas tú en la estación telegráfica?
-Puede ser -respondió Nicolás-, yo estaba allÃ. Era el encargado de transmitir los telegramas.
-¿Te quedaste hasta el último momento?
-¡Claro! ¡Es, sobre todo en esos momentos, cuando se debe estar!
-¿Estuviste el dÃa en que un inglés y un francés se pelearon, dinero en mano, para ocupar el primer puesto de la ventanilla, y que el inglés transmitió los primeros versÃculos de la Biblia?
-Es posible, padrecito, pero no me acuerdo.
-¡Cómo! ¿No te acuerdas?
-Yo no leo nunca los telegramas que transmito. Mi deber es olvidarlos y, para ello, lo mejor es ignorarlos.
Esta respuesta de Nicolás Pigassof lo definÃa.