Miguel Strogoff
Miguel Strogoff El plan de los fugitivos era muy sencillo. UtilizarÃan la corriente de la orilla superior del Baikal hasta la desembocadura del Angara, para llegar a la salida del lago y desde ese punto hasta Irkutsk serÃan arrastrados por la rápida corriente del rÃo, que discurre con una velocidad de diez a doce verstas por hora, pudiendo estar a las puertas de la ciudad en dÃa y medio.
En aquel lugar no se encontraba ni una sola embarcación y fue preciso suplirla por una balsa o, mejor dicho, por un tren de troncos que construyeron, parecido a los que descienden habitualmente por los rÃos siberianos. Un bosque de pinos que se elevaba sobre la orilla les habÃa proporcionado el material necesario para aquel aparejo flotante. Los troncos, atados entre sà con ramas de mimbre, formaban una plataforma sobre la que podÃan aposentarse cómodamente cien personas.
A esta balsa fueron conducido Nadia y Miguel Strogoff.
La joven habÃa vuelto ya en sà y, después de comer junto con su compañero las provisiones que les proporcionaron aquellos fugitivos, se acostó sobre un lecho de hojarasca, quedando enseguida profundamente dormida.