Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff no dijo nada de lo ocurrido en Tomsk a los que le interrogaron, haciéndose pasar por un habitante de Krasnoiarsk que no había podido llegar a Irkutsk antes de que las tropas del Emir se hicieran dueñas de la orilla izquierda del Dinka; agregando que muy probablemente el grueso de las fuerzas tártaras ya había tomado posiciones frente a la capital de Siberia.
No podían, pues, perder ni un instante. Además, el frío se hacía cada vez más intenso y la temperatura, durante la noche, caía por debajo de los cero grados, habiéndose formado ya algunos hielos sobre la superficie del Baikal. La balsa podía maniobrar fácilmente sobre las aguas del lago, pero no ocurriría lo mismo en la corriente del Angara, en el caso de que los tempanos comenzaran a entorpecer su curso.
Por toda esta serie de razones, era preciso que los fugitivos iniciaran la marcha cuanto antes.
A las ocho de la tarde se largaron amarras y, bajo la acción de la corriente, la balsa siguió la línea del litoral. Grandes pértigas manejadas por aquellos robustos mujiks bastaban para rectificar su rumbo cuando era preciso.