Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Estos religiosos, agrupados en la proa de la balsa, rezaban a intervalos regulares, elevando la voz en medio de la silenciosa noche y, al final de cada versículo de sus oraciones, sus labios entonaban el Slava Bogu (Gloria a Dios). Durante esta parte de la navegación no se produjo ningún incidente. Nadia había quedado sumergida en un profundo sopor y Miguel Strogoff velaba su sueño al lado de la joven. Sólo a largos intervalos le asaltaba el sueño y, aun así, su pensamiento estaba siempre despierto.
Al llegar el día, la balsa, frenada por una violenta brisa contraria a la dirección de la corriente, se encontraba todavía a cuarenta verstas de la desembocadura del Angara. Probablemente no podrían llegar allí antes de las tres o las cuatro de la tarde. Pero eso no constituía ningun inconveniente, antes al contrario, porque los fugitivos descenderían por el río durante la noche y, ocultos entre las sombras, podrían pasar mas fácilmente desapercibidos y llegar a Irkutsk.