Miguel Strogoff
Miguel Strogoff La noche del 2 de octubre se celebró un consejo de guerra en el palacio del gobernador general, donde residía el Gran Duque.
Este palacio, levantado en un extremo de la calle Bolchala, domina el curso del río en un amplio sector de su recorrido. A través de las ventanas de la fachada principal, se percibía perfectamente todo el movimiento del campamento tártaro. Una artillería de mayor alcance que la de los tártaros hubiera hecho inhabitable este palacio. El Gran Duque, el general Voranzoff, gobernador de la ciudad y el alcalde y jefe de los comerciantes, a los que se sumaba un cierto número de oficiales de alta graduación, acababan de adoptar diversas resoluciones.
-Señores -dijo el Gran Duque-, ustedes conocen exactamente nuestra situación. Abrigo la firme esperanza de que podremos mantenernos firmes hasta que lleguen las tropas de Iakutsk. Entonces rechazaremos perfectamente a las hordas tártaras y no seré yo quien impida que paguen cara la invasión del territorio moscovita.
-Vuestra Alteza sabe que puede contar con toda la población de Irkutsk -dijo el general Voranzoff.