Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Sí, general -respondió el Gran Duque-, y rindo homenaje a su patriotismo. Gracias a Dios todavía no ha sido víctima de los horrores de la epidemía y el hambre y creo que conseguirá escapar; pero mientras tanto sólo puedo admirar su coraje en la defensa de las murallas. Recuerde bien mis palabras, señor alcalde, porque quiero que las transmita literalmente.
-Doy las gracias a Vuestra Alteza, en nombre de la ciudad -respondió el alcalde, continuando-. Me atrevo a preguntar a Vuestra Alteza qué plazo máximo de tiempo concede hasta la llegada de las tropas de socorro.
-Seis días como máximo, señores -respondió el Gran Duque-. Esta mañana ha conseguido entrar en la ciudad un hábil y valiente emisario y me ha comunicado que cincuenta mil rusos avanzan a marchas forzadas bajo las órdenes del general Kisselef. Hace dos días estaban en las orillas del Lena, en Kirensk, y ahora, ni el frío ni la nieve les impedirán llegar. Cincuenta mil hombres pertenecientes a tropas escogidas, atacando a los tártaros por el flanco, nos librarán pronto del asedio.
-Agregaré --dijo el alcalde-que el día en que Vuestra Alteza ordene una salida, estaremos preparados para ejecutar sus órdenes.