Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Bien, señores. Esperemos a que la vanguardia de nuestras fuerzas aparezca por las alturas y aplastaremos a los invasores --dijo el Gran Duque, volviéndose después hacia el general Voranzoff, añadiendo-: Mañana visitaremos los trabajos de la orilla derecha. El Angara baja lleno de témpanos que no tardarán en cimentarse, en cuyo caso los tártaros puede que consiguieran pasar el río.
-Permltidme Vuestra Alteza que haga una observación --dijo el alcalde.
-Hacedla, señor.
-He visto más de una vez bajar la temperatura a treinta o cuarenta grados bajo cero y el Angara siempre ha arrastrado trozos de hielo, sin congelarse enteramente. Esto se debe, sin duda, a la rapidez de su curso. Si los tártaros no disponen de otros medios para franquear el río, yo puedo garantizar a Vuestra Alteza que ellos no entrarán así en Irkutsk.
El gobernador general confirmó las palabras de alcalde.
-Es una afortunada circunstancia --dijo el Grar Duque-. No obstante, estaremos preparados par, afrontar cualquier eventualidad.
Volviéndose entonces hacia el jefe de policía, le preguntó:
-¿No tiene usted nada que decirme, señor...?