Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -En efecto --dijo el general Voranzoff-, Wassili Fedor es un hombre con gran valor y coraje. Es muy grande la influencia que ejerce entre sus compañeros.
-¿Desde cuándo está en Irkutsk?
-Desde hace dos años.
-¿Y su conducta ... ?
-Su conducta -dijo el jefe de policía-, es la de un hombre sometido a las leyes especiales que lo rigen.
-General --dijo el Gran Duque-, ¿quiere presentármelo inmediatamente?
Las órdenes del Gran Duque fueron ejecutadas enseguida, y no había transcurrido ni media hora cuando Wassili Fedor era introducido en su presencia. Era un hombre de unos cuarenta años a lo sumo, de fisonomía severa y triste. Se notaba en él que toda su vida se resumía en una palabra: lucha, y que había luchado y sufrido. Sus rasgos recordaban extraordinariamente los de Nadia Fedor. A él, más que a ningun otro, la invasion tartara lo había herido en su más querido afecto y arruinado su suprema esperanza de padre, exiliado a ocho mil verstas de su ciudad natal.