Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Ivan Ogareff entornó ligeramente los párpados, como si el traidor quisiera decir que el hermano del Zar no contaba con la traición.
El Gran Duque, de temperamento nervioso, apenas había conseguido conservar la calma al conocer tan desastrosas noticias. Iba y venía por el salón, bajo la mirada de Ivan Ogareff, que le contemplaba como a presa reservada para su venganza. Se detenía delante de las ventanas, miraba hacia las hogueras del campamento tártaro, intentaba percibir los sonidos, cuya mayor parte provenía de los choques de los bloques de hielo arrastrados por la corriente del Angara. Se pasó así un cuarto de hora, sin formular ninguna pregunta. Después, volviendo a desplegar la carta, releyó un pasaje y dijo:
-¿Sabes, Miguel Strogoff, que en esta carta se habla de un traidor del que tengo que prevenirme?
-Sí, Alteza.
-Ha de intentar entrar en Irkutsk bajo un disfraz, captar mi confianza y después, llegado el momento, entregar la ciudad a los tártaros.
-Sé todo eso, Alteza, y también sé que Ivan Ogareff ha jurado vengarse personalmente del hermano del Zar.
-Pero ¿por qué?
-Se dice que este oficial fue condenado por Vuestra Alteza a una humillante degradación.