Miguel Strogoff
Miguel Strogoff No obstante, hacia las diez de la noche, se modificó sensiblemente el estado del rÃo, con gran sorpresa de los asediados, y ahora en desventaja para ellos. El paso, impracticable hasta aquel momento, de golpe se hizo posible. El lecho del Angara quedo libre; Los hielos que se deslizaban en número creciente desde hacÃa varios dÃas desaparecieron aguas abajo y apenas cinco o seis bloques quedaron ocupando entonces el espacio comprendido entre las dos orillas. Pero no presentaban la estructura de los bloques que se forman en condiciones normales y bajo la influencia de un frÃo intenso. No eran más que simples pedazos arrancados a algún glaciar, cuyas aristas, netamente cortadas, no presentaban rugosidades.
Los oficiales rusos que constataron esta modificación en las condiciones del rÃo, la dieron a conocer al Gran Duque.
Aquello no tenÃa otra explicación de que en alguna parte, más arriba, en una zona más estrecha del Angara, los hielos debÃan de haberse acumulado hasta formar una barrera. Ya se sabe que asà era, efectivamente.
El paso del Angara estaba, pues, abierto a los asaltantes, viéndose los rusos en la necesidad de estrechar la vigilancia más que nunca.