Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Ivan Ogareff abrió la ventana de su habitación, cruzó la terraza y fue a apostarse en el ángulo norte de la misma. Por debajo de él, entre las sombras, pasaban las agua del Angara, que rugían al chocar contra las aristas de los pilares. Ivan Ogareff sacó un fósforo del bolsillo, lo encendió y prendió fuego a un puñado de estopa impregnado en pólvora, el cual lanzó al agua.
¡Los torrentes de aceite mineral que flotaban sobre la superficie del Angara habían sido arrojados por orden de Ivan Ogareff!
Más arriba de Irkutsk, entre el pueblo de Poshkarsk y la ciudad, estaban en explotación varios yacimientos de nafta. Ivan Ogareff había decidido emplear este terrible medio para llevar el incendio a la capital, por lo que se apoderó de las incalculables reservas acumuladas en los depósitos de combustible líquido que había allí, siendo suficiente demoler un muro para que se derramara a borbotones. Esto había sido realizado durante la noche, varias horas antes, y es por lo que la balsa que transportaba al verdadero correo del Zar, a Nadia y los demás fugitivos, flotaba sobre una corriente de aceite mineral.