Miguel Strogoff
Miguel Strogoff A través de las brechas abiertas en los depósitos que contenían rmllones de metros cúbicos, la nafta se había precipitado como un torrente y, siguiendo la pendiente natural del terreno, se había esparcido sobre la superficie del río, donde su densidad le permitía flotar.
¡Así era como entendía la guerra Ivan Ogareff!
Aliado de los tártaros, se comportaba como ellos. ¡Y contra sus propios compatriotas!
La estopa cayó sobre las aguas del Angara y, en un instante, como si la corriente hubiera sido de alcohol, todo el río se inflamó arriba y abajo con la rapidez de un rayo. Volutas de llamas azuladas se retorcían, deslizándose entre las dos orillas. Espesos vapores de humo negro se elevaban por encima de ellas. Los pocos témpanos que iban a la deriva, rodeados por el fuego, se fundían como la cera sobre la superficie de un horno, y el agua, vaporizada, se escapaba en el aire con un silbido ensordecedor. En ese mismo momento estalló el fuego de fusilería en el norte y en el sur de la ciudad. Las baterías del campamento del Angara disparaban sin tregua. Varios millares de tártaro se lanzaron al asalto de las fortificaciones. Las balsas de la orilla, hechas de madera, ardían por todas partes. Una inmensa claridad disipó las sombras de la noche.
-¡Al fin! ---dijo Ivan Ogareff.