Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

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Pero el 17 de octubre, desde las primeras luces del alba, retumbó un tiro de cañón desde las alturas que rodean Irkutsk.

Era el ejército de socorro que llegaba a las órdenes del general Kisselef y, de esta forma, señalaba al Gran Duque su presencia.

Los tártaros no esperaron mucho tiempo. No querían tentar la suerte en una batalla que se librase bajo los muros de Irkutsk y levantaron inmediatamente el campamento del Angara.

Por fin, Irkutsk había sido salvada.

Con los primeros soldados rusos llegaron dos amigos de Miguel Strogoff. Eran los inseparables Blount y Jolivet. Lograron llegar a la orilla derecha del Angara deslizándose por la barrera de hielo, pudiendo escapar, así como los otros fugitivos, antes de que las llamas del río llegaran a la balsa, lo cual fue reflejado por Alcide Jolivet en su bloc, de esta forma:

«Nos faltó poco para acabar como un limón en una ponchera.»

Su alegría fue grande al encontrar sanos y salvos a Nadia y Miguel Strogoff y, sobre todo, cuando supieron que su antiguo compañero no estaba ciego, lo cual indujo a Harry Blount a escribir en su bloc de notas la observación siguiente: «El hierro al rojo vivo puede ser insuficiente para eliminar la sensibilidad del nervio óptico. ¡Hay que modificar el sistema! »


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