Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Entonces, Nadia -dijo Miguel Strogoff-, yo no creo que Dios, al hacer que nos conociéramos y que atravesaramos juntos tan duras pruebas, haya querido otra cosa que el que nos uniéramos para siempre.
-¡Ah! -exclamó Nadia, cayendo en los brazos de Miguel Strogoff. Y volviéndose hacia Wassill Fedor, dijo enrojeciendo:
-¡Padre mÃo!
-Nadia -respondió Wassili Fedor-, mi mayor alegrÃa será llamaros a los dos hijos mÃos.
La ceremonia del casamiento tuvo lugar en la catedral de Irkutsk. Fue muy sencilla en sus detalles y hermosa por la concurrencia de toda la población, tanto militar como civil, que querÃa testimoniar su profundo agradecimiento a los dos jovenes, cuya odisea ya se habÃa convertido en legendaria.
Alcide Jolivet y Harry Blount asistÃan, naturalmente, al casamiento, del cual querÃan dar cuenta a sus lectores.
-¿No experimenta usted deseos de imitarles? -preguntó Alcide Jolivet a su colega.
-¡Pche ... ! -respondió Harry Blount-. ¡Si tuviera, como usted, una prima ... !
-¡Mi prima no está en condiciones de casarse! -respondió riendo Alcide Jolivet.