Miguel Strogoff
Miguel Strogoff ¿Por qué Miguel Strogoff no se había metido en la cama como era lo lógico después de toda una jornada pasada en el tren? ¿Pensaba en aquella joven livoniana que durante algunas horas había sido su compañera de viaje? No teniendo nada mejor que hacer, pensaba en ella. ¿Creía que, perdida en esta tumultuosa ciudad, estaba expuesta a cualquier insulto? Lo temía, y tenía sus razones para temerlo. ¿Esperaba, pues, encontrarla y, en caso necesario, convertirse en su protector? No. Encontrarla era difícil y en cuanto a protegerla... ¿Con qué derecho?
« ¡Sola -se decía-, sola en medio de estos nómadas! ¡Y los peligros presentes no son nada comparados con los que le esperan! ¡Siberia! ¡Irkutsk! Lo que yo voy a intentar por Rusia y por el Zar ella lo va a hacer por... ¿Por quién? ¿Por qué? ¡Y tiene autorización para traspasar la frontera! ¡Con todo el país sublevado y bandas tártaras corriendo por las estepas ... !»
Miguel Strogoff se detuvo para reflexionar durante algunos instantes.