Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -¡Vamos, Dingo! ¿A quién ladras ahora? ¿No sabes que estamos en la selva y que aquí no hay nadie más que nosotros?
El último alto fue decidido y para ello se buscó el mejor sitio para pasar la noche.
El pequeño Jack, dominado por la fiebre, reposaba entre los brazos de su madre, que se movía como una autómata, sin pronunciar palabra.
De pronto, el viejo Tom, que ayudaba a Dick Sand a disponer los lechos bajo un extenso grupo de árboles, se detuvo en su acción, horrorizado, mirando a un punto.