Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Cenaron, y ya se disponían a entregarse al descanso, cuando Dick Sand se dio cuenta de que el suelo empezaba a empaparse.
-Tendremos que levantar el piso extrayendo la arcilla necesaria -dijo Dick Sand-, pero cuidando de no obstruir el agujero por donde penetra el aire, si es que no queremos morir asfixiados.
Pusieron manos a la obra inmediatamente, con el fin de hacer un suelo más alto y resistente. Hércules demolió con su hacha el primer piso de alvéolos, que era de arcilla blanda, y levantó en más de un pie el terreno pantanoso sobre el que descansaba el hormiguero, asegurándose de que el aire podía entrar por el agujero en el interior del cono.
El primo Benedicto, a la luz de la linterna que habían instalado, inspeccionaba detenidamente todos los rincones.
-Este hormiguero -dijo- no hace mucho que ha sido abandonado y me gustaría saber la causa. No cabe duda de que esta misma mañana las termitas lo habitaban aún, puesto que aquí se ven jugos líquidos. Y ahora...
El sabio hizo una pausa y prosiguió:
-Algún presentimiento debe de haber invitado a estos insectos a abandonar el hormiguero. Y esto no lo hacen sin algún motivo. Seguramente intuían algún inminente peligro...