Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años Las palabras del entomólogo hicieron pensar a Dick. Si era cierto que el secreto instinto había advertido a los insectos de un próximo peligro, era evidente que el tal peligro podía planear ahora sobre sus cabezas.
-Esos admirables insectos -continuó el primo Benedicto, sin preocuparse de saber si le escuchaban-, pertenecen al maravilloso orden de los neurópteros y se caracterizan por tener cuatro artejos en los tarsos y mandíbulas córneas de un vigor notable. Los que han construido este hormiguero pertenecen al grupo de los belicosos y hasta ahora sólo habían sido vistos en África.
-Pero aquí no estamos en África -interrumpió Tom apresuradamente.
-No, no, desde luego -respondió el profesor-. Por eso entusiasma tanto su hallazgo. Seré el primero que habré descubierto en América una mosca tsé-tsé y una hormiga termita. La memoria que redactaré causará sensación en la Europa científica.
Pronto la linterna fue apagada y un profundo silencio se hizo entonces en el interior del hormiguero.
En aquel momento, Dick sintió que una mano se apoyaba en su hombro y que una voz conmovida murmuraba en su oído:
-Lo sé todo, querido Dick. Pero Dios puede aún salvarnos. ¡Cúmplase su voluntad!
Era la señora Weldon quien había hablado.