Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años La antigua asistenta de la señora Weldon, llevada por sus nobles sentimientos, se había encargado del mayor de aquellos chiquillos, al que había cogido en brazos, librándole del cansancio que le hubiera llevado pronto a la muerte, a pesar de que aquello constituía una pesada carga para la vieja Nan.
Dick estaba convencido de que también la señora Weldon había sido llevada a Kazonndé, pero por más que miraba, por más que trataba de descubrir por todas partes el menor rastro de la madre de Jack, ningún indicio le mostraba su paso.
La caravana emprendía todos los días la marcha con el alba y sólo se detenía una hora al cabo de doce de caminar. Entonces se abrían algunos envoltorios que contenían mandioca, y aquel alimento era distribuido entre los esclavos. Si los soldados habían conseguido robar, al pasar por alguna aldea, alguna cabra o vaca, se añadía al menú un poco de carne o batatas.
Pero era tanto el cansancio y los sufrimientos de los cautivos, que llegada la hora de la distribución de víveres, apenas podían comer.
Esa era la principal causa de que al cabo de ocho días de haber abandonado las proximidades del Coanza, unos veinte negros hubieran caído por el camino, siendo abandonados a las fieras, que rondaban desde lejos la caravana.