Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -El barco -dijo- no dispone de más tripulación que ustedes, y aunque no sean marinos tienen buenos brazos que deseo pongan a su servicio. Yo no puedo maniobrar sin su ayuda y nuestra salvación depende de ustedes.
-No nos faltará buena voluntad -aseguró Tom, en nombre de todos-. Mis compañeros y yo seremos sus marineros. Haremos lo que nos mande.
-Gracias, amigos míos -exclamó Dick-. Les indicaré lo que cada uno habrá de hacer. Yo me encargaré del timón hasta que el cansancio me obligue a abandonarlo. Durante las pocas horas que descanse, usted, Tom, me sustituirá. Ya le indicaré cómo se gobierna, con ayuda de la brújula.
-Estoy a sus órdenes -repitió el viejo negro.