Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años -Amigos míos -dijo el grumete a los cinco negros-, se trata de completar el velamen, de izar el papagayo, la cacatúa, la flecha y las velas de los estayes, pero todo irá bien si siguen ustedes mis instrucciones.
Tom y los suyos aguardaron las órdenes, que no se hicieron esperar.
Desde la rueda del timón, Dick Sand gritaba:
-¡Largue con rapidez esa maniobra! ¡Estire! ¡Tire de arriba! ¡Un buen golpe! ¡Fuerza!
Al oír aquella última palabra, el gigante Hércules descargó un formidable golpe, capaz de -romperlo todo a un tiempo.
-¡Cuidado! ¡No tan fuerte, caramba! ¡Va usted a echar abajo la arboladura!
Hércules respondió, sonriendo:
-Pero si apenas he apretado.
El faro del mástil de mesana, cuyos brazos de babor habían sido aflojados, se giró con lentitud. El viento hinchó las velas.
Seguidamente se aflojaron las escotas de los foques. Después Dick ordenó a los negros que volvieran a popa.
-Ahora es preciso ocuparnos del palo mayor.
Esta maniobra fue más fácil y, una vez acabada, la cangreja recibió el viento con más normalidad, uniendo su potente acción a la de las velas de proa.