Un Capitan de quince años
Un Capitan de quince años No obstante, aparte de este incidente, todo iba bien a bordo, y la señora Weldon había puesto mucha confianza en Dick, con quien conversaba a menudo.
-Con estos vientos -decía el joven- no tardaremos en alcanzar el litoral de la América meridional. Quizás incluso no derivemos mucho de Valparaíso.
Los negros cumplían a la perfección cuantas tareas les eran encomendadas, y cada día se hacían más prácticos en el oficio. Tom se había convertido en el jefe de la tripulación por unanimidad, turnándose todos en el trabajo, y en el descanso. Sólo Dick pasaba noches enteras junto a la barra.
Nunca navegaban sin llevar colocadas las luces de posición, verde a estribor y roja a babor, y tampoco se descuidaba, a pesar de que aquellos parajes estaban desiertos, la vigilancia rigurosa durante la noche.
Dick Sand acusaba el cansancio y en algunas ocasiones su mano gobernaba por puro instinto, ya que la fatiga le hacía cerrar los ojos.
La noche del 13 al 14 de febrero Tom reemplazó a Dick para que éste pudiese tomarse unas horas de merecido descanso. El cielo aparecía cubierto y la oscuridad reinante no permitía distinguir las velas altas.