Un Drama en México
Un Drama en México Aquel mismo día el marinero Crockston y su sobrino Juan Stiggs fueron inscriptos en el rol de la tripulación del Delfín.
Al día siguiente, a las cinco de la mañana, activáronse los fuegos del buque y de nuevo retembló el puente bajo las vibraciones de la caldera, y el vapor se escapaba silbando por las válvulas. Había llegado el momento de zarpar.
A pesar de la hora intempestiva, una muchedumbre inmensa se agrupaba en los muelles y en Glasgow Bridge. Iban a saludar por última vez al atrevido steamer. Vicente Playfair fue también para abrazar a su sobrino, pero, en aquella circunstancia, se portó como un viejo romano de los buenos tiempos. Su continente fue heroico: los dos sonoros besos que dio al joven capitán indicaban un alma de gran temple.
—Anda, Jacobo —le dijo—; anda ligero y vuelve más ligero aún.
Sobre todo no dejes de aprovechar la ocasión: vende caro, compra barato y merecerás aún más la estimación de tu tío.
Después de esta recomendación, tomada del Manual del Perfecto Comerciante, el tío y el sobrino se separaron y todos los visitantes abandonaron el buque.
En aquel momento, Crockston y Juan Stiggs, se hallaban reunidos en el castillo de proa, y el primero decía al segundo: